N’Einstein també ho sabia

N’Einstein també ho sabia

He llegit avui que n’Albert Einstein va dir (ho posaré en castellà perquè és com ho he trobat):

“Un ser humano es parte de un todo que llamamos “el Universo”; permanece limitado en el espacio y en el tiempo. Está experimentando su ser, sus pensamientos y sus sensaciones como algo separado de todo lo demás, una especie de ilusión óptica de su consciencia. Esta ilusión es, para nosotros, una cárcel que nos limita a nuestros propios deseos personales y a unos afectos reservados a nuestros seres más cercanos. Nuestra tarea es la de liberarnos de esta cárcel ampliando nuestro círculo de compasión para abarcar a todos los seres vivos y a la naturaleza entera en su esplendor.

Me sap greu, no diu on ho va dir. Però queda ben clar quin és el nostre deure i per a què som on som… podem dissimular, fer veure que no ho sabem, dedicar-nos a perdre el temps en mil coses absurdes, però no per això la veritat serà manco veritat.

Parlant de la compassió, el mateix texte relaciona el que diu n’Einstein amb això que diu la “Tabla Esmeralda” sobre el fet que el Principi de l’Amor és el primer Pincipi i fonament de tot: “Todos los Universos, ya sean macroscópicos, microscópicos, de vibraciones infra o ultra en relación al observador, están compuestos de infinitas partes que se relacionan entre sí por el conjunto de fuerzas que se denomina AMOR”.

I sobre la compassió, una altra manera d’anomenar l’amor, vaig escriure això que he repassat arran de les dues cites precedents:

“Compasión es una gran palabra. En solo tres sílabas encierra un mundo. Su raíz procede del verbo latino “pati, patior”, que significa pasión, padecer, sufrir e indica  un estado pasivo. Pero completada esa raíz por el prefijo con- y el sufijo –ción, esa pasividad se convierte en acción: el prefijo con- significa convergencia, reunión… el sufijo –ción significa acción y efecto.

Compasión, por lo tanto, significa converger, acercarnos, tocar al otro, unirnos a él y sentir como propio su sufrimiento, y además, actuar para aliviarlo. El libro tibetano de la vida y de la muerte dice de la compasión: “No es solamente una sensación de lástima o interés por la persona que sufre, ni es solamente un afecto sincero hacia la persona que tenemos delante, ni sólo un claro reconocimiento de sus necesidades y su dolor; es también la determinación sostenida y práctica de hacer todo lo que sea posible y necesario para contribuir a aliviar su sufrimiento”.  Porque la compasión nace del amor, igual que la Fraternidad, y consiste como ésta en tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro. .. y no para quedarnos allí contemplando, sino para actuar, para trabajar en beneficio del otro. Porque el amor y todos sus derivados exigen compromiso y acción”.

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